Dinamarca da un paso histórico al reconocer legalmente el derecho de cada persona sobre su rostro, voz y cuerpo, en un intento pionero por frenar los abusos de los deepfakes. Esta reforma convierte a la imagen personal en un bien protegido por derechos de autor, abriendo una nueva etapa para artistas, creadores y ciudadanos en la era de la inteligencia artificial.

¿Qué pasaría si alguien usara tu cara, tu voz o tu cuerpo para crear un vídeo falso… y no pudieras hacer nada? En Dinamarca, eso está a punto de cambiar. El país se prepara para aprobar una reforma legal pionera que otorga derechos de autor sobre los rasgos personales, una medida urgente frente al avance de los deepfakes y la inteligencia artificial. Esta iniciativa no solo protege a artistas y creadores: plantea un nuevo modelo legal para toda Europa.
Dinamarca legisla el derecho al propio rostro, voz y cuerpo
Con el respaldo del 90 % del Parlamento, Dinamarca está a punto de aprobar una reforma de derechos de autor sin precedentes. El nuevo texto reconoce que toda persona tiene derechos legales sobre su imagen, su voz y sus rasgos físicos, protegiéndolos frente a usos no autorizados en contenidos generados por inteligencia artificial. Esta medida surge como respuesta al auge de los deepfakes, vídeos y audios hiperrealistas que suplantan identidades sin consentimiento.
La ley contempla tres pilares clave: retirada obligatoria de los contenidos deepfake no consentidos, compensaciones económicas para los afectados y responsabilidad directa de las plataformas digitales. Además, se garantizan excepciones para la sátira y la parodia, evitando riesgos de censura. La norma, impulsada por el ministro de Cultura Jakob Engel-Schmidt, se someterá a consulta pública y podría entrar en vigor a finales de 2025.
¿Qué cambia para los artistas y creadores de contenido?
Para músicos, actores, ilustradores e influencers, esta reforma supone un nuevo nivel de protección frente al uso indebido de su imagen personal y su voz. Hasta ahora, muchas legislaciones carecían de herramientas específicas para frenar la difusión de deepfakes que imitan a artistas sin autorización. Con este marco, la explotación de rasgos físicos o vocales sin consentimiento podrá considerarse una infracción de derechos de autor, incluso si la obra generada no es una copia literal.
La ley también obliga a plataformas como TikTok, YouTube o Instagram a responder con rapidez a solicitudes de retirada, bajo amenaza de sanciones. Esto refuerza el control que los creadores tienen sobre su identidad digital y sienta un precedente que podría cambiar cómo se gestionan los derechos en la economía del contenido. En otras palabras, el rostro y la voz de un artista ya no son solo una marca personal, sino un activo protegido por ley.
Deepfakes, ética y el nuevo marco europeo
La iniciativa danesa no solo busca proteger a sus ciudadanos: también marca el camino para una futura regulación europea. El ministro Engel-Schmidt ha anunciado su intención de promover esta propuesta a nivel comunitario durante la presidencia danesa de la Unión Europea. Si prospera, podríamos estar ante un nuevo estándar legal en Europa, donde el rostro, la voz y el cuerpo sean considerados parte de los derechos de autor personales.
Este debate va más allá del ámbito artístico. Los deepfakes no solo afectan a famosos: cualquier persona puede ser suplantada digitalmente, con consecuencias éticas, profesionales y emocionales. La reforma danesa plantea una pregunta clave: ¿cómo protegemos la identidad individual en una era en la que se puede replicar digitalmente con un clic?
Dinamarca propone una respuesta clara: legislar. Y ese movimiento podría cambiar la forma en que entendemos la autoría, la imagen y la privacidad en todo el continente.
Un nuevo paradigma legal que ya afecta a artistas y ciudadanos
La reforma danesa no es solo una curiosidad legal: es un aviso de lo que viene. La identidad digital se está convirtiendo en terreno legal, artístico y económico, y los creadores no pueden quedarse atrás. En un mundo donde tu imagen puede ser replicada por una máquina, tener respaldo legal ya no es opcional.
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