Estos momentos de inactividad forzada, también son tiempos de reflexión y revisión de nuestros modelos de negocio.  Independientemente del carácter de la organización o negocio que tengamos, este ha de ser rentable y para ello es necesario que trabajemos en un modelo de negocio sostenible. Con este fin, primero hay que volver a definir el perfil del cliente y prever sus necesidades y, después, adaptar un mecanismo de venta capaz de garantizar que los ingresos superen a los costes. Los negocios del “día después”, tienen que tener modelos donde la eficiencia y la eficacia sean pilares fundamentales del cambio de paradigma que nos ha tocado vivir, por tanto, cuanto más definidos estén el cliente o el mercado, tanto mejor. Lo ideal es que nuestra “misión” y “visión” estén descritos con sencillez, en no más de diez palabras de uso corriente y fácilmente entendible por los clientes. Algunos ejemplos más destacados por su sencillez y grado de definición son:

 

  • Google – “Organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil”
  • Ikea – “Mejorar la vida diaria de muchas personas”