Hablar de distribución digital es hablar de libertad creativa y artística, de disponibilidad global e inmediata, de disminución de la huella ecológica, de un aumento de los ingresos y una reducción de los gastos. Todo esto ha provocado actualmente que la distribución digital esté en alza desde el año 2000 con motivo de la conexión a internet de banda ancha.

Los inicios

Napster fue la primera gran red pirata que, a pesar de contar con un método rudimentario en comparación con lo existente hoy en día, logró atraer a una inmensa cantidad de gente a su plataforma para escuchar música. En aquel momento se ejercitaron acciones y un Tribunal declaró que debía cerrarse su página web.

La comunicación pública como única vía de protección

A mediados de los años noventa nace internet, en aquel momento los autores, artistas y similares, tenían unos derechos reconocidos por el Convenio de Berna y la Convención de Roma de 1961.

La explotación de la obra de forma digital sin distribución de ejemplares físicos tenía como única vía de protección el derecho de comunicación pública, que es una comunicación muy distinta a la actual. Esta clase de explotación fue una auténtica novedad, por lo que no estaba contemplada de forma clara y expresa ni en el Convenio de Berna ni en la Convención de Roma de 1961, que partían de la base de un concepto de Comunicación Pública mucho más básico.

La puesta a disposición

Es en la Conferencia Diplomática de 1996 donde se desarrolló una solución marco, que trataba de aunar dos concepciones distintas: por una parte, en EEUU el derecho de distribución no implica la distribución de ejemplares físicos, por lo que proponía que se le diera una nueva vertiente de distribución digital a este derecho. Por otro lado, para la Unión Europea la distribución sí requería ejemplares físicos, por lo que se optó por el término puesta a disposición del público.

 

En relación a esto, el artículo 8 de los Tratados de Internet de la OMPI de 1996 hacía referencia al derecho de comunicación al público de los autores: “sin perjuicio de lo previsto en los artículos 11.1)ii), 11bis.1)i) y ii), 11ter,1)ii), 14.1)ii) y 14bis.1) del Convenio de Berna, los autores de obras literarias y artísticas gozarán del derecho exclusivo de autorizar cualquier comunicación al público de sus obras por medios alámbricos o inalámbricos, comprendida la puesta a disposición del público de sus obras, de tal forma que los miembros del público puedan acceder desde el lugar y en el momento que cada uno de ellos elija”.

Del mismo modo, el artículo 10 del mismo texto hablaba de la puesta a disposición del público de los artistas intérpretes o ejecutantes con un “derecho exclusivo de autorizar la puesta a disposición del público de interpretaciones o ejecuciones fijadas en fonogramas, ya sea por hilo o por medios inalámbricos de tal manera que los miembros del público puedan tener acceso a ellas desde el lugar y en el momento que cada uno de ellos elija”.

Los contenidos en línea y la Directiva 2019/790 del Parlamento Europeo y del Consejo sobre los Derechos de Autor y Derechos Afines en el Mercado Único Digital.

Los servicios para compartir contenidos en línea facilitan el acceso a una gran cantidad de contenidos protegidos cargados por usuarios. Esto puede ocasionar problemas cuando se cargan contenidos protegidos por derechos de autor sin autorización previa de los titulares de los derechos, por ello es importante fomentar el desarrollo del mercado de licencias entre titulares de derechos y prestadores de servicios para compartir contenidos en línea.

Para ello, la distribución digital en la actualidad ha sido regulada a través de la Directiva 2019/790 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 17 de abril de 2019, sobre los Derechos de Autor y Derechos Afines en el Mercado Único Digital.

Esta Directiva prevé normas para mejorar las prácticas de concesión de licencias en el mercado único digital, garantizando el acceso a los contenidos creativos y aclarando el marco jurídico en el que operan los prestadores de servicios de contenidos generados por los usuarios, quienes a partir de ahora deberán celebrar acuerdos de licencia justos y adecuados para cubrir los actos de explotación que se realicen dentro de su servicio.

Así mismo, introduce para las editoriales de prensa un nuevo derecho sobre el uso en línea de sus publicaciones y garantiza para los autores y artistas intérpretes o ejecutantes una remuneración justa y proporcionada cuando cedan sus derechos exclusivos para la explotación de obras o prestaciones protegidas, especialmente, cuando la remuneración inicialmente pactada sea desproporcionada en comparación con los ingresos subsiguientes derivados de dicha explotación.

El artículo 17 de la Directiva 2019/790

El principal motivo de discusión en torno a esta Directiva ha sido la positivización de la responsabilidad para aquellos prestadores de servicios de la información que compartan contenidos en línea cargados por sus usuarios por actos de comunicación y puesta a disposición del público de derechos de autor y prestaciones protegidas.

El punto más discutido ha sido el relativo a su artículo 17, que insta a las plataformas digitales a celebrar licencias o a recabar la autorización de los titulares de derechos de autor y prestaciones protegidas, pues de lo contrario las plataformas pueden devenir responsables de los contenidos ilícitos que carguen sus usuarios al estar realizando un acto de comunicación y puesta a disposición del público.

Son claves en relación a esto los casos de exención de la responsabilidad sujetos a que la plataforma digital cumpla con una serie de condiciones de forma cumulativa:

Haber realizado los mayores esfuerzos (best efforts) para obtener una autorización del titular de derechos de autor o prestaciones protegidas, es decir, que la empresa debe realizar lo razonable, dentro de las circunstancias de cada caso, para posibilitar la autorización, estableciéndose así una obligación de medios, no de resultados. La complejidad de este requisito viene dada en saber en qué supuestos una plataforma digital ha realizado los mayores esfuerzos, dado que las plataformas digitales por lo general albergan grandes cantidades de contenido que pueden llegar a ser incontrolables.

Haber realizado los mayores esfuerzos para garantizar la indisponibilidad de obras y otras prestaciones específicas respecto de las cuales los titulares de derechos les hayan facilitado la información pertinente y necesaria. En este caso los mayores esfuerzos deben estar dirigidos a prevenir el existente o potencial alojamiento y acceso en las plataformas de aquellas obras o prestaciones protegidas no autorizadas.

Como último requisito para la exención de responsabilidad, se obliga a inhabilitar el acceso o remover las obras o prestaciones que hubieren sido notificadas por los titulares de derechos y a prevenir que dichas obras o prestaciones vuelvan a ser vulneradas en un futuro en materia de propiedad intelectual.

Los filtros de contenido

Para llevar a término todas estas medidas, la Unión Europea ha hecho alusión a los filtros de contenido. Son sistemas que identifican, analizan, bloquean y remueven automáticamente aquellos contenidos que, en materia de derechos de autor, no hayan sido autorizados por su titular.

En la Directiva, no se mencionan expresamente, no obstante, el artículo 17.4.b) está instando a las plataformas a que los instalen porque, de no hacerlo, difícilmente podrán cumplir con las anteriores condiciones por vías alternativas. Además, los antecedentes de la Directiva se refieren claramente a los filtros de contenido como medidas efectivas para prevenir la disponibilidad de contenidos ilícitos en las plataformas.

Excepciones

Como excepción, el artículo 17 no se aplicará a enciclopedias y otros repositorios con fines científicos y educativos. También quedan excluidos aquellos contenidos dirigidos a compartir citas, críticas, caricaturas y la parodia, por lo que no afectará a los conocidos memes.

Conclusión

El avance digital y la irrupción de las redes sociales han provocado que avancemos hacia un mundo nuevo en el que todo se compartirá digitalmente. Es una nueva forma de crear y de obtener contenido, que, por lo tanto, requiere de un nuevo método de protección de las obras a sus titulares, pues de lo contrario dejaría de incentivarse la creación y supondría la aparición de situaciones sumamente injustas.

Durante años, los prestadores de servicios para compartir contenidos en línea se han convertido en el principal punto de acceso a las obras culturales y creativas, estos servicios han ido creciendo exponencialmente en un vacío legal, haciendo prácticamente imposible que los creadores se ganen la vida con sus obras en un entorno digital que poco a poco va desplazando a otras formas de explotación.

Por todo ello, ha sido necesario establecer con carácter definitivo la responsabilidad en materia de derechos de autor, como, en mi opinión, muy acertadamente ha hecho la Directiva comentada en este artículo.